— Un baile puede ser solo una persona, pequeña. — Con sorna le habló, mas sin perder es toque elegante que tanto le caracterizaba. Tampoco deseaba relevar el porqué se encontraba fuera de su lugar habitual. — Eso depende, un errante como yo conoce muchos más lugares y secretos. Además, ¿no deberías estar con tus hermanos? Ese Caballero Blanco esta más ensimismado en mi compañía pero siempre intenta comunicarme sobre ti y ese fantasma. — Decía ser solitaria, pero…¿Qué acaso sus hermanos no eran importantes? aquí ser errante no es sinónimo de orgullo, mas ella lo veía de ese modo.
— La solitaria eres tú, no yo.
– No me llames pequeña. – exclamó, algo irritada, pero no lo suficiente como para darle en el gusto al maestro Grimm.
– Mis familiares son perfectamente capaces de cuidarse solos. Son fuertes, y confío en su fortaleza. – aunque tampoco iba a negar que a veces le preocupaban cuando viajaba por Hallownest. Algún día tenía que organizar un viaje familiar o algo por el estilo. – Si el Receptáculo Puro busca tu compañía, supongo que algo debes tener tú para que le agrades, ¿no?
— ¿Por qué debería darte una razón? Estoy aquí porque quiero, no siempre debo estar en mi compañía. Debería decir lo mismo de ti, Pequeña Araña.
– No busco tus explicaciones. – exclamó tajantemente. – Simplemente me sorprende verte en solitario y fuera de tu campamento. – no iba admitir tampoco que aquello le causaba curiosidad, sería como perder contra su orgullo. – Yo viajo sola a cualquier lugar, supongo que este desolado sitio puede admitir a dos bichos errantes, ¿no crees?